Metodología... feminista
Las huellas del patriarcado
Dentro el sistema patriarcal la femineidad se concibe como reservorio perfecto e incuestionable de la intuición, la sensibilidad, la irracionalidad, y la emoción. Por otra parte, la masculinidad se sitúa frente a la femineidad y en un trayecto (ascendente por demás)[1], por lo cual se es mejor o peor hombre en tanto se recorra ese continuo siempre en oposición a lo que no se es biológicamente hablando (hembra).
Es por ello que estas construcciones culturales (masculinidad y femineidad) se definen por lo que se es y lo que no, los hombres serian entonces racionales, objetivos, controlados lo cual los sitúa una vez en mayor cercanía al poder. Este esencialismo ha recorrido todas las esferas de la sociedad llegando hasta el quehacer de la comunidad científica. Hoy es descrito con certeza el hecho de que las mujeres han quedado históricamente fuera de este campo, hasta el punto de ser olvidada[2] (o silenciada) su participación; de manera tal que la ciencia era hecha por hombres y para hombres[3]; constituyendo un hecho relativamente reciente la aceptación social de la práctica científica femenina, lo cual puede ser considerado un logro más del movimiento feminista de los últimos decenios del siglo anterior: la mujer es situada como objeto y sujeto de la ciencia.
Sin embargo, la inclusión de la mujer primero como muestra y después como hacedora de las investigaciones científicas, aún cuando garanticemos el abordaje de la Teoría de género en tales estudios no es una condición suficiente, puesto que se pueden asumir las mismas posiciones conservadoras, y reproductivas de las formas de pensamiento masculinas, vendríamos a ser más o menos las secretas e inconscientes[4] cómplices de tal sistema, dejando de lado el cuestionamiento profundo y revolucionario que nos permite el feminismo como corriente política. “El Movimiento Feminista no sólo adopta un enfoque netamente fenomenológico, sino que defiende, además, una orientación epistemológica y metodológica propias. Se opone a una epistemología histórica y clásica que considera androcéntrica y reivindica igual derecho a constituir una epistemología ginecocéntrica, ya que considera que toda experiencia vivida no sólo constituye ya una interpretación de la realidad, sino que necesita, además, una interpretación propia.” (1)
De manera similar, el hecho de que mujeres y hombres nos acerquemos de maneras diferentes a nuestros objetos de estudios[5], y en virtud de esas diferencias y a partir de la ignorancia histórica de los hombres hacia las mujeres, resulta imprescindible entonces una nueva forma de construir el conocimiento. Es así que la Teoría de géneros como núcleo del movimiento feminista contemporáneo, permitiendo articulaciones diversas (sujeto-objeto, sujeto-sujeto) y lecturas plurales, nos convida a romper los marcos de la ciencia heredada desde la cultura patriarcal, de esta ciencia que en una de sus más difundidas y aceptadas variantes (positivismo) defiende una objetividad que para mi psicóloga no es más que una utopía, al menos dentro de las ciencias sociales.
Otro modo de hacer y pensar
La incorporación efectiva de la mujer a la creación de la ciencia, que derive en el establecimiento de una nueva metodología, el desarrollo e implementación de nuevos temas de investigación, así como la crítica activa a los resultados de investigaciones con sesgos sexistas o de género, resultan ser algunas de las opciones actuales de la investigación feminista. No queriendo excluir al hombre[6], considero que sería la mujer quien estaría en ventaja de desarrollar este acercamiento a la realidad. No obstante pudiesen ser aprovechables los datos y conocimientos adquiridos por hombres, siempre tengamos en cuenta la distinción genérica del investigador hasta el final y por tanto dentro del análisis de los resultados de nuestra investigación. El planteamiento sobre la existencia de una ciencia feminista, no sólo nos aporta nuevas nociones sobre el (la) sujeto cognoscente y la naturaleza del objeto a estudiar sino también, y principalmente, sobre los métodos de obtención del conocimiento. Es así que dentro del pensamiento feminista se problematiza sobre la pertinencia o no de la metodología hasta aquí desarrollada[7] o la creación nuevos métodos. Tal debate puede ser interpretado como una resistencia a utilizar lo validado por una ciencia masculina y por tanto patriarcal. La creación, implementación y desarrollo de una metodología feminista implicaría según Miguel Martínez (2) las siguientes acciones:
1) Reemplazo del postulado de una investigación libre de valores, de neutralidad e indiferencia hacia los "objetos" de investigación, por una parcialidad consciente, a partir de una identificación parcial con los objetos de la investigación la cual crea una distancia crítica y dialéctica entre el investigador y sus "sujetos" de estudio.
2) Sustitución de la relación vertical entre el (la) investigador(a) y los "objetos de investigación", la "visión desde arriba", por la "visión desde abajo". Ésta es una consecuencia necesaria de la parcialidad consciente y de la reciprocidad.
3) Cambio del "conocimiento de espectador", contemplativo y no involucrado, a una participación activa en las acciones, movimientos y luchas de la emancipación de la mujer.
4) La participación en las acciones y luchas sociales, y la integración de la investigación en estos procesos, implica además que el cambio del status quo sea el punto de partida de una interrogante científica.
5) El proceso de investigación como proceso de "concientización", tanto para los científicos sociales como para los (as) sujetos investigados (as).
6) La concientización colectiva de las mujeres por medio de la metodología problematizadora debería ir acompañada por el estudio de la historia individual y social de la mujer.
7) Las mujeres no pueden apropiarse de su propia historia a menos que comiencen a colectivizar sus propias experiencias, se propone la superación del individualismo, la competitividad, el "profesionalismo" desmedido los cuales son casi inherente al modelo masculino.
Ahora bien, a pesar de la no existencia aún de una teoría que permita articulación y clara, la práctica científica feminista ha realizado aportes sustanciales sobre los mecanismos que ha operado dentro de la ciencia y que le permiten aún su subsistencia. Al decir de Harding (3) estos estudios se dirigen en cinco líneas fundamentales:
1) Los estudios sobre la equidad, la discriminación informal (amen los regulaciones) y la motivación de chicas y chicos a escoger determinas profesiones.
2) Los estudios sobre los usos y abusos de la biología, las ciencias sociales y sus tecnologías han revelado de qué forma se utiliza la ciencia al servicio de proyectos sociales sexistas, racistas, homofóbicos y clasista.
3) Las críticas de la biología y las ciencias sociales, han suscitado discusiones sobre la existencia real de ciencias puras y la selección y definición de problemas -decidiendo qué fenómenos del mundo necesitan explicación y definiendo lo que tienen de problemático se han inclinado con toda claridad hacia la percepción de los hombres sobre lo que les resulta desconcertante.
4) Las técnicas de crítica literaria, la interpretación histórica y el psicoanálisis han permitido releer y descubrir los significados sociales de los enunciados y prácticas que son presuntamente neutrales con respecto a los valores.Las investigaciones epistemológicas que han sentado las bases de una forma alternativa de entender cómo se fundamentan las creencias en las experiencias sociales y el tipo d experiencia que serviría de fundamento a las creencias que honramos con la denominación de "saber". Estas epistemologías feministas suponen una relación entre saber y ser, entre epistemología y metafísica alternativa a las epistemologías dominantes elaboradas para justificar las formas de búsqueda del saber de la ciencia y las formas de estar en el mundo. Los conflictos entre estas epistemologías generan los temas principales de este estudio.
A manera de epílogo
Paradójicamente no pretendo culminar este trabajo más bien espero que este sea es el incentivo para otros. El simple hecho de buscar, leer y priorizar información a dejado en mi más preguntas que respuestas. Igual pude percatarme del desarrollo del tema en la intelectualidad mundial (femenina o no, feminista o no) y de nuestra orfandad (no hallé un artículo publicado en Cuba, ni por un cubano/a sobre este tema), tal vez como mismo llegamos tarde al feminismo, estamos llegando a destiempo al debate entorno a la ciencia feminista. Mi única intención con este trabajo es traer este tema a consideración, intentando problematizar, quizás más a mi interior que visiblemente.
Referencias
(I) Miguel Martínez. Epistemología Feminista y Postmodernidad. Universidad Simón Bolívar (Venezuela). En http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/16/martinez.htm
(2) Marcela Lagarde. “Universidad y democracia genérica. Claves de Género para una alternativa”. En http://www.unam.mx/ceiich/educacion/Lagarde.htm
(3) S. Harding. Del problema de la mujer en la ciencia al problema de la ciencia en el feminismo. En http://www.creatividadfeminista.com
[2] En el artículo “Ciencia Tecnología y Género” de Marta I. González García y Eulalia Pérez Sedeño se aborda como fue silenciada la participación de Rosalind Franklin en la descripción del modelo de doble hélice del ADN, a partir del cual Watson y Crick obtendrían el Premio Nobel en 1962.
[3] En realidad cabria sustituir “hombres blancos” por hombres blancos occidental capitalinos para quedando fuera no sólo la categoría género sino también otras categorías sociológicas como pudiesen ser etnia, raza y clase. social.
[5] Múltiples autores coinciden en afirmar que el género atraviesa al sujeto cognoscente y que en este sentido el objeto de estudio deja en nosotros improntas diferentes.












