Soy mi mujer

Simone Lucie-Ernestine-Marie-Bertrand de Beauvoir (1908-1986), relevante impulsora del movimiento feminista mundial, tal vez sin querer serlo (sólo se confesó feminista en 1972) y al que dedicó una gran parte de su vida, aún continua siendo motivo de estudio de innumerables investigaciones, tanto su vida personal como sus producciones literarias las cuales a pesar de ser escritas algunas hace más de 50 (El Segundo sexo por ejemplo) siguen estremeciendo a algunas/os entre ellas/os a mi.
Beauvoir nacida en París, Francia, de ascendencia burguesa católica, con un padre abogado y una madre devota y tradicional, al llegar a la adolescencia deviene atea consagrando su vida a la escritura y a los estudios. De esta manera, va a la Universidad de la Sorbona a estudiar Filosofía en donde conoce a Jean Paul Sastre; con quien mantuviera una relación “atípica” para muchos pero en la cual mostró la coherencia (quizás inesperada) entre la destacada existencialista, escritora, editora, de ideas avanzadas e incomprendidas con la mujer que era en la intimidad. Ellos decidieron compartir sus vidas de manera singular, queriendo decir con esto no la extrañeza de la vinculación amorosa establecida sino la preservación de sus mundos privados, particulares, singulares, individuales. Es en este sentido mi reconocimiento.
La producción literaria de la Beauvoir es más profunda que vasta a mi entender, pero sin lugar a dudas El segundo sexo, resulta ser el más reconocido de sus textos, el más leído, y aun así el más vilipendiado, llegando a asumirse como la obra fundacional del feminismo contemporáneo, que 50 años después es leída, y discutida, de hecho cada día van apareciendo defensoras/es y detractoras/es. En El Segundo Sexo la autora describe y denuncia la inferioridad a partir de la cual las mujeres son pensadas y tratadas y nos invita a liberarnos de condicionamiento histórico.
Su tan referenciada frase “no se nace mujer, se llega a ser”(1), que titula esta monografía sintetiza todas sus reflexiones y críticas acerca de la condición femenina, tratando de desmembrar los argumentos biologicistas y reduccionistas (a mi juicio) que son sobreestimados por la sociedad o mejor, malinterpretados y llegan a condenarnos. Llegando a preguntarse (nos): ¿existe la mujer?, pregunta que posteriormente una y otra vertiente del pensamiento feminista tratará de responder.Sin embargo, al decir de Gloria Comesaña Santalices, Simone queda atrapada en su soliloquio puesto que a la vez que defiende y desajusta a la mujer de su propia biología de alguna manera la condena a ella, quedando entonces atrapada (2): “encontramos lo que va a ser una constante en El Segundo Sexo y que lo marca con el sello de la contradicción: hay un ir y venir entre la posición culturalista y evidentemente existencialista, que afirma que la mujer ha devenido tal (“no se nace mujer se llega a serlo”, es lo que llamamos hoy para mayor comodidad teórica el género) y una cierta e incluso fuerte aceptación e lo que es natura inevitable. Su dependencia no es algo que ha llegado. Es lo que provoca constantemente, a la lectura del libro de un malestar recurrente, una tensión muy desagradable para muchas lectoras preparadas, que han tomado ya una posición en cuanto al problema de la mujer, o que sienten aun intuitivamente que las situaciones que viven no son justas para las mujeres y que ellas no corresponden a su autentico ser y realidad”.
Ahora bien, ¿por qué una monografía que comienza con Simone de Beauvoir pretende continuar, para finalmente concluir, con el tema de la lucha por los derechos sexuales y reproductivos en Francia, en especial el derecho al aborto? Pudiese parecer festinado, pero en mis ansias por aprender y organizar lo leído, acostumbro a realizar paralelismos y a establecer puntos de unión entre las información a las cuales voy accediendo.
Ya sabemos que el primer tomo de El Segundo Sexo “Los hechos y los mitos” en su primera parte tiene un capítulo destinado a analizar lo que nos viene dado por la biología, y los dos restantes versan sobre las interpretaciones que hacen de esto hecho tanto el psicoanálisis como el materialismo histórico. En el primero de ellos, la autora realiza un pormenorizado análisis de los aspectos fisiológicos de la reproducción no sólo de la humana si no también de organismos inferiores. Posteriormente al final de la primera parte ella declara no aceptar los puntos de vistas propuestos puesto que las “…tanto las categorías clitorial o vaginal como las categorías burguesía o proletariado en ellas es imposible o improcedente encerrar una mujer concreta.”(3). Expresando a mi juicio su inconformidad con no integrar la sexualidad a la totalidad humana, a no escindir al ser humano en secciones y en este caso a la mujer.
Este sería el principal punto de contacto teórico entre Simone de Beauvoir y lo que posteriormente en Francia sucedería en término de derechos al aborto. Simplemente las mujeres, grupos y organizaciones que en la contemporaneidad francesa luchan cada día en estos frentes están defendiendo la integralidad de las mujeres, no del conjunto de mujeres sino de la existencia de cada una de ella, de su salud, de su subjetividad, de lo mínimo que les pertenece: su propia vida. A mi juicio, no habría real libertad de la mujer tal y como lo pensó la Beauvoir si no le es posible ejercer su incuestionable derecho a decidir sobre el destino de su cuerpo, ese mismo que aun casi 20 años después de la muerte de Simone aún no es posible dar como ganado siempre y cuando nos mantengamos en un sistema patriacal.
Si redifinimos “no se nace mujer se llega a ser”, llegar a ser implicaría una responsabilidad de cada una de nosotras ante esta posible nueva forma de ser aun dentro de este sistema. Sería algo como meter nuestras manos, y pies… y cabezas en este llegar a ser, tomando como ventaja lo que ya sabemos: que es tan sólo una construcción y como construcción en fin puede ser de y reconstruída, tanta veces como quisiéramos nosotras. Simone de Beauvoir tan consecuente como siempre (recordemos su “atípica” relación con Sastre que para mi es el primer ejemplo de su integridad como mujer) se suma a una experiencia sin precedentes.
Corría el año 1971 y el Movimiento de Liberación Femenino (MLF) escoge una forma de llevar al debate público un tema tabú en aquellos momentos (desgraciadamente, aún continúa siéndolo en muchos lugares) el derecho del aborto. El 15 de abril apareció a doble página, en el periódico Le Monde, un manifiesto firmado por 343 mujeres que reconocían públicamente haber abortado. Dicho suceso fue conocido como 343 Sinvengüenzas; en el cual mujeres de todas las procedencias sociales firmaban alegando haberse hecho abortar. Entre ellas estuvieron: Simone de Beauvoir, Christine Rochefort, Delphine Seyrig, Catherine Deneuve, Giséle Halimi, Micheline Presle, Jeanne Moreau, Marguerite Duras y Françoise Fabian, las cuales le imprimieron a la demanda un carácter particular debido al reconocimiento publico del cual ellas eran objeto (4). Es a partir de aquí que la Beauvoir con la firma de este documento da su primer paso en su identidad de mujer feminista. Es este segundo punto de contacto (esta vez práctico) que quiero hacer evidente, entre ella y la lucha por los derechos sexuales de la mujeres en este caso el IVG.
No fue hasta 1974 que se aprueba el aborto en Francia con la denominad Ley Veil, la cual toma el apellido de Simone Veil, en ese momento Ministra de Salud y defensora a ultranza de la interrupción voluntaria de embarazo (IVG). Fueron innumerables las batallas que ha tenido que librar las mujeres para que les sea reconocido su derecho a decidir que hacer con su cuerpo. La Republica Francesa no ha sido una excepción todo lo contrario, las mujeres en Francia hoy gozan su derecho de decidir si interrumpen o no un embarazo que sea inferior a 12 meses sin embargo, el devenir histórico de esta lucha a tenido sus particularidad, contratiempos y hasta retrocesos. De hecho existen una suerte de organizaciones anti-aborto, principalmente religiosas, que presionan todo el tiempo para que sean derogadas las leyes que establecen hoy la realización del IVG.
Recuerdo que leyendo una entrevista que le realizara la Revista “Clara” a Simone Veil por cumplirse 30 años de la aprobación de la Ley, Veil alertaba sobre la necesidad de que las mujeres velaran cada día por los derechos que hoy tienen puesto que en cualquier momento pudiesen perderlos, tal con esto ha sucedido en mas de una oportunidad. Es así que les toca a las jóvenes de cada generación empoderarse como mujeres para mantener el legado de las generaciones anteriores.
Notas bibliográficas:
(1) Le deuxieme sexe. Simone de Beauvoir. Editorial Gallimar, 1949.
(2) Ibidem.
(3) Actualidad y pertinencia. Utopía y Praxis Latinoamericana, Año 4, Sept-Dic 199. pp. 27-38.
(4) Tomado de Rebelión. Escrito por Mabel Bellucci http://www.rebelion.org/mujer/030517bellucci.htm
Bibliografía escrita por Simone de Beauvoir
1943: La invitada (novela)
1945: La sangre de los otros (novela), Las bocas inutiles (teatro)
1949: El segundo sexo (ensayo)
1954: Los mandarines (novela)
1958: Memorias de una joven formal (ensayo autobiográfico)
1960: La plenitud de la vida (ensayo autobiográfico)
1963: La fuerza de las cosas (ensayo autobiográfico)
1964: Una muerte muy dulce (relato sobre la muerte de su madre)
1970 La vejez (ensayo)
1972: Tout compte fait (essai-autobiographie)
1981: La ceremonia del adiós (ensayo autobiográfico)
Comentarios » Ir a formulario
Autor: maria yenes
Simone y otras grandes mujeres deberían ser estudiadas en los colegios, ¿porqué son unas desconocidas?
Gracias Simone por darnos un referente real, coherente(poco frecuente estos días) y luchador y gracias a tod@s los que se encargan de mantenerla viva.
María Yenes.
España.
Fecha: 23/12/2006 20:52.












