"Entre marido y mujer nadie se debe meter" decimos en Cuba
Julia es inspectora popular del transporte en un sitio de la Habana, trabaja sobre todo en las tardes intentando que los carros estatales ayuden en la crítica situación del transporte que tenemos en la isla. Ella tiene tres hijas, una adolescente y dos niñas más cercanas en edad.
Pero también tiene un esposo, Gabriel, quien por casualidad o por una tendencia demográfica no es el padre de las nenas. Él es estibador del puerto, oficio otrora de gente simple y digna. Julia y Gabriel viven con la madre de él en su casa. Ella se quiere separar de su esposo, pero planea hacerlo progresivamente por temor a verse dentro de la misma situación que tuvo hace poco. No es solo que le de "pena" con Gabriel, quien después de lo sucedido, ha bajado mucho de peso y hasta le ha pedido perdón jurándole al mismo tiempo que no pasará más, sino que cada tarde pasa por donde él, para ver como está, momento en el cual la madre de su esposo le dice que ella no cree como su hijo haya podido hacer algo como eso. Según Julia, el paso mayor hacia la separación ya lo dió, cuando dejó de vivir con él y regresó a su casa, a 100 metros de distancia, el mismo día en que ocurrieron los hechos.
Sucede que dos meses atrás, luego de haberse enterado por boca de ella de su decisión de separarse, él le amarró manos y pies a la cama, o sea lo tenía todo pensa'o. Él no escuchó ni una sola de las súplicas de Julia, ni su llanto, ni sus peticiones, sólo le decía que no la iba a soltar. Después de 10 horas de permanecer atada, teniéndo como colofón un coito impuesto, doloroso, desgarrante y denigrante, Gabriel la soltó. En un momento de entretenimiento de él, ella -demasiado extenuada, adolorida y ultrajada- salió corriendo de la casa 100 metros más arriba hacia donde estaban sus hijas y madre.
Al otro dia, Julia fue a denunciarle a la estación de policía, pero como "entre marido y mujer nadie se debe meter" tuvieron a Gabriel detenido por 48 horas allí y le dijeron a ella que le iban a dar cierto "seguimiento" al caso. Ni Julia, ni el policía saben que no hay Ley de Violencia que castigue a Gabriel por lo que hizo. Solo ella sabe que lleva "la procesión por dentro".
Y no es cuento, es un caso real. Sólo hemos cambiado los nombres de las personas implicadas en bien de la confidencialidad.
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Autor: cheqa
abrazos desde mi cheqa...
Fecha: 19/10/2006 20:35.












