Esas palabran pudieron haber sido mías.
Lo primero que hice al sentarme hoy en la PC fue entrar a Em Rebeldía para leer la ponencia de Audre Lorde que han dejado las chicas por allá, después de leerla me doy cuenta de que esas palabran pudieron haber sido mías.
Yo tambien soy una mujer negra y en la sociedad en que vivo me ha costado más ser negra que mujer. El precio ha sido diverso, desde jugar solo con muñecas blancas (por el pobre o ningún acceso a muñecas de mi color), la imposición de gustos, manerismos y hasta pretender seguir un patrón belleza que nada tiene que ver con mi raza. Estas han sido maneras de pretender silenciarme, de callarme, de escindirme dentro de esta sociedad, por esta gente que vive y muere por lo mismo que yo. Ha sido vivir en mi cuerpo, con unas ideas que no son mias, con unos gustos que no son los mios, vaya que esquizofrenizante!
Sin embargo, yo siempre fui una mujer diferente, para no desrizarme el cabello me lo cortaba, así me invisibilizaba antes de l@s otr@s. Ahora bien, como ese silencio pretendido me harto hasta los huesos, los llevo como quiero, sin pretender controlarlo, sin pretender amarrarlo. Y eso tan solo hablando de cabello, no vamos a hablar del activismo político-feminista! Les digo más, calificativos no han faltado, "problemática", "conflictiva" y en el mejor de los casos "contestataria". Lástima que (aunque no me guste decirlo, por una cuestion de lealtad a mi género) a veces son mis mismas hermanas, las mujeres de aquí y ahora como yo, quienes más censuran, quienes mas intentan que yo sea como ellas quieren.
De esta manera, he venido a desarrollar lo que llamo "psipatología de la vida cotidiana", una especie de trastorno de personalidad que me mantiene inmune y me estimula, es como un juego en el cual, me doy placer de hacer y decir lo que quiero para luego observar la respuesta de la gente y para que ell@s mism@s se cojan en falta.
Una anecdota, mientras asistía a uno de los módulos de la maestría que casi finalizo, una chica me comentó: "tu sabes que cuando te vi, me pregunte, que hace esa mujer acá?, luego yo misma me respondí, pero me impactactes tanto que llegué a casa y se lo conté a mi familia". Agradezco infinitamente la sinceridad de la muchacha, ella se sintió tan apenada por ella misma que la manera que halló para expíar su culpa fue demostrándome una honestidad infinita. Precisamente, se trata de eso, si logré de que se percatará de que las mujeres "diferentes" podemos conversar, pensar, soñar y defender, entonces mi lucha diaria no ha sido, ni será en vano.












